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Con Atomic Lab, el joven emprendedor Gino Tubaro dona prótesis impresas en 3D

prótesis impresas en 3D

Desde hace 10 años, cuando armó su primera impresora, el inventor argentino ha donado más de mil prótesis impresas en 3D con su ONG Atomic Lab. Para ayudar a más personas, creó la red Embajadores Atómicos, voluntarios que descargan el archivo e imprimen manos y brazos en distintas partes del mundo. Ahora, con la pandemia de COVID-19, fabrica y dona máscaras y tapabocas, además de trabajar en un proyecto para imprimir cierres plásticos para el cordón umbilical de los recién nacidos, lo cual salvará la vida de  muchos bebés en lugares vulnerables del planeta.

Nacido en Pompeya, uno de los barrios más pobres de la Ciudad de Buenos Aires, a los 15 años Gino Tubaro pudo entrar en la prestigiosa Escuela ORT  gracias a una beca para estudiar robótica y electrónica. Junto con un compañero, armaron la primera impresora 3D y pensaron vender esos aparatos. “Era 2012 y nadie estaba interesado –recuerda Tubaro–. No vendimos nada”. En ese momento les llegó un mensaje de la mamá de Felipe, un chico de 11 años que, por haber perdido una mano, además de sus limitaciones, sufría bullying en la escuela.

prótesis impresas en 3D
María, de la ciudad de Mar Azul, en la costa argentina, volvió a tocar la guitarra gracias a la prótesis que le fabricó Atomic Lab. Gentileza de Atomic Lab.

“Nos había pedido una mano tipo maniquí, fija, pero nos empeñamos en hacerla articulada, al menos con el efecto de pinza”, recuerda. Tubaro iba a un laboratorio de fabricación digital donde trabajaba en Autodesk AutoCAD con compañeros estudiantes de arquitectura. “Hicimos un modelo muy rudimentario, pero a Feli le gustó, la usó… y empezamos a mejorar el proyecto. Así logramos crear prótesis para Soleène, para Eduardo y un montón de personas más”.

Una de las experiencias que selló la vocación de Tubaro fue la participación en el National US Science Camp en West Virginia, Estados Unidos. Allí compartió charlas con investigadores del MIT e incluso con el astronauta Neil Amstrong; y aprendió sobre la tecnología aplicada a la impresión 3D.

Mascarillas para todos

Poco tiempo después del comienzo de la pandemia, Tubaro decidió usar la plataforma Limbs –que había creado para las prótesis– con el fin de compartir archivos de mascarillas protectoras. “Diseñamos unas que se imprimen apiladas, en PLA (un polímero biodegradable). El acetato puede ser de una botella, una radiografía o cualquier material reciclable que te permita ver a través del plástico. Y distribuimos los archivos entre nuestros embajadores de todo el mundo”.

Las máscaras inventadas por Tubaro se hacen en menos tiempo que otros modelos. “Con un kilo de material se obtienen entre 60 y 80, mientras que con otros métodos se consiguen 10 o 15”, asegura.

prótesis impresas en 3D
El inventor recicla todo tipo de plásticos para usarlos como insumos, como en la fabricación de mascarillas de protección para COVID-19. Con Fusion 360, los diseños se pueden personalizar. Gentileza de Atomic Lab.

El emprendedor usa Autodesk Fusion 360, que le permite hacer diseños paramétricos e incorporar variables para lograr prótesis de distintas formas y tamaños. “Así, un material rígido como el PLA se hace flexible y se adapta a la morfología de la cabeza de la persona”. La fabricación de mascarillas en PLA con impresión 3D no es tan eficiente como el método del plástico inyectado, pero es útil en lugares donde no puede fabricarse ni enviarse por medios tradicionales. “Solo hay que descargar el modelo y e imprimirlo”, explica Tubaro. Y recuerda que la pandemia lo encontró con parte de su equipo en México, donde habían viajado para fabricar unas 500 prótesis. “Íbamos por la 350 cuando cerraron las fronteras; entonces empezamos a diseñar e imprimir mascarillas, primero para nuestra propia protección. Después supimos que en Argentina no se fabricaban, ni siquiera en inyección, porque no existían las matrices. Modificamos la plataforma, compartimos los diseños y creemos que se entregaron más de 20 000”.

Elogiado por Barack Obama

En su visita a Buenos Aires, en 2016, el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, destacó el trabajo de Tubaro. “Habíamos ganado un premio en History Channel (‘Una idea para cambiar la historia’, con cuya recompensa compró 20 impresoras 3D) y nos llegó la invitación de la Embajada de los Estados Unidos para participar de una charla con emprendedores. Estamos muy agradecidos, porque nos puso en contacto con mucha gente”, recuerda.

prótesis impresas en 3d
Disfrazado de Papá Noel, el inventor Gino Tubaro regala manos impresas en 3D todos los 24 de diciembre con su programa #Navidatón. Las personas que necesitan una prótesis solo tienen que solicitarla a través de la plataforma Limbs. Gentileza de Atomic Lab.

Desde ese año, todos los 24 de diciembre, el inventor se calza el traje de Papá Noel y sale a donar prótesis en lo que llama el #Navidatón. “Al principio íbamos cerca de la Capital. Pero empezamos a recibir cartas con pedidos desde lugares más lejanos y era un problema”, admite. Hasta que en 2018 Ford Argentina y Ford Motor Company Fund decidieron acompañar a Tubaro en su proyecto #Argentinatón, con el que recorrió unos 25 000 kilómetros, rompiendo las distancias para entregar más de mil prótesis, en pueblos recónditos del país, algunos donde ni siquiera llega el correo postal.

La fundación le prestó una camioneta y le otorgó el premio al Emprendedor Social del Año, con una donación de 25 0000 dólares para sus proyectos solidarios. “Creamos y montamos una impresora 3D que ‘flota’ en la parte trasera del vehículo para que no se mueva mientras la camioneta anda por la ruta. En el techo instalamos paneles solares y así fue posible que la impresión de prótesis continuara entre pueblo y pueblo”, afirma Tubaro. Toda la experiencia quedó grabada en el documental Mil manos por Argentina”.

prótesis impresas en 3D
Gino Tubaro con Teo, un niño de la provincia de Salta, en el Norte argentino. Gracias a una donación de Ford Fund, pudo acondicionar una camioneta con paneles solares para imprimir prótesis 3D al tiempo que recorría más de 25 000 kilómetros en el programa #Argentinatón. Gentileza de Atomic Lab.

Las prótesis de mano y brazo se fueron mejorando con detalles tan simples como un agujero para que se pueda insertar una lapicera y escribir. “También modificamos el alto y el largo para que se adapten a la necesidad de la persona. Y el volumen lo ajustamos con unas cintas de velcro”, describe Tubaro. El inventor trabaja a partir de fotos que le envían, tomadas con el muñón sobre hojas cuadriculadas. Y paulatinamente está incorporando Inteligencia Artificial para que las prótesis sean más personalizadas.

Por los recién nacidos

Gracias a las donaciones que recibe, Atomic Lab encaró otros proyectos sociales, como estetoscopios, otoscopios y férulas, siempre con impresión 3D. Y desarrolló un sistema de reciclaje de material: PLA, ABS, PET o tapitas de botellas se transforman en insumos.

Ahora, el grupo trabaja en el prototipo de un clamp” para recién nacidos. “Es un ganchito que se pone para cerrar el cordón umbilical de los bebés –explica el inventor–. Una vez cerrado ya no se puede abrir. En Haití y otras comunidades, la falta de estos “clamps” ocasiona 5 % de las muertes de los recién nacidos”. Allí, donde no hay recursos o no llegan los importados de China, el “clamp” se puede imprimir en 20 minutos.

El proyecto quedó postergado por la pandemia, pero Tubaro testeó distintos diseños. “Tenemos una caja llena. Ya estamos en la última versión, solo nos falta probarla”, asegura el inventor.

Así, Tubaro utiliza la tecnología para resolver las necesidades de las personas de manera muy económica, a través de donativos que recibe en el sitio web de Atomic Lab. “Allí está el sentido social –concluye– con muy poco podemos cambiar la vida de una persona, que puede escribir, volver a tocar la guitarra, a pescar o andar en bicicleta por primera vez” .

Acerca de

Graciela Baduel es una escritora y editora sobre temas de diseño, construcción y arquitectura residente en Buenos Aires. Está graduada en periodismo y no se pierde una oportunidad de asistir a cursos sobre convergencia digital. Cuando no está leyendo literatura argentina o universal, disfruta cultivando orquídeas en su enorme terraza o saliendo a cenar con amigos.

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